La Nave de Motores de Pacífico fue construida entre 1922 y 1923 y empezó a funcionar ese mismo año, aunque fue inaugurada en 1924. En su interior están instalados tres impresionantes motores diésel y el resto de la maquinaria (alternadores, transformadores, etc.) que en su momento sirvieron para generar y transformar la energía con la que funcionaban los trenes. Durante la Guerra Civil, y debido a las restricciones, llegó a proporcionar energía eléctrica a la ciudad, a través de la compañía Unión Eléctrica Madrileña. Con el paso del tiempo, y a medida que las compañías fueron capaces de asegurar un suministro cada vez más regular, la Central, que en su momento fue la de mayor potencia instalada en España, quedó obsoleta y dejó de generar energía en la década de los cincuenta, siendo definitivamente clausurada en 1972.
El edificio, de Antonio Palacios (el mismo que diseñó y construyó el famoso Palacio de Comunicaciones de Madrid, sede actual del Ayuntamiento de la capital, situado en la plaza de Cibeles), destaca por la claridad de su concepción, la atención al detalle y la buena ejecución, que caracterizan todo el trabajo de uno de los grandes artífices de la imagen de la ciudad de la primera mitad del siglo XX. Las obras de mantenimiento y conservación que se han acometido recientemente, según proyecto del arquitecto Carlos Puente, han devuelto a la nave su aspecto original, tanto exterior como interiormente, y han ido acompañadas de la limpieza y restauración de la maquinaria, aunque, como pudimos comprobar, el fuerte olor a carburante perdura.
El edificio, de Antonio Palacios (el mismo que diseñó y construyó el famoso Palacio de Comunicaciones de Madrid, sede actual del Ayuntamiento de la capital, situado en la plaza de Cibeles), destaca por la claridad de su concepción, la atención al detalle y la buena ejecución, que caracterizan todo el trabajo de uno de los grandes artífices de la imagen de la ciudad de la primera mitad del siglo XX. Las obras de mantenimiento y conservación que se han acometido recientemente, según proyecto del arquitecto Carlos Puente, han devuelto a la nave su aspecto original, tanto exterior como interiormente, y han ido acompañadas de la limpieza y restauración de la maquinaria, aunque, como pudimos comprobar, el fuerte olor a carburante perdura.


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